-Hola, necesitaba hablar con alguien.
–Hola, pues ya sabes, aquí, cuándo quieras y para lo que quieras.
-El caso es que no tengo mucho que contar. Es que siempre me pasa lo mismo, en realidad tengo tanto que no sé por dónde empezar.
– Pues empieza por dónde quieras, o acabaré contándote yo.
- ¿Tienes algo que decirme?
–Por supuesto, empezaría y no acabaría nunca.
–Entonces, estamos igual.
–Tal vez es que no queremos hablar.
–Pero, necesito hablar.
– Quizás lo que necesites es no hacerlo y dejar de pensar en todo eso.
– Quizá tú necesites lo mismo.
– Puede ser, ¿no crees que siempre aconsejamos a los demás lo que en realidad nos queremos aconsejar a nosotros mismos?
- ¿Como un reflejo de nosotros mismos o una proyección?
– Sí, quizá deberíamos seguir nuestros propios consejos, es decir, los que damos a los demás, de forma objetiva, al ver desde fuera el problema.
-¿Tienes un problema?
- ¿Por qué lo dices?
–Acabas de decir la palabra problema
– Aha, me has pillado. ¿Y qué me aconsejas?
– No sé, debería conocer el problema.
-¿Conoces el tuyo?
– Yo no he dicho que lo tenga.
– Pero has dicho que necesitabas hablar con alguien...
– Sí, pero ahora creo que lo que necesitaba era tener a alguien al lado, empiezo a sentirme mejor.
–Luego, te sentías mal.
-¿Y tu problema?
– Olvídalo, si yo no era quien quería hablar.
– Pero hazlo, necesito escucharte.
sin (x)
Hace 4 días
El espejo en el espejo, de Michael Ende.
ResponderSuprimirRecuerdo uno de los cuentos del libro en el que un actor se encontraba preparado detras del telón del teatro a oscuras y en silencio absoluto para iniciar la función, pero el telón no se levantaba y pasaba el tiempo y el actor no se atrevía a moverse para ver que ocurría por si justo en ese momento se levantaba el telón. Los pensamientos del actor, la ambiguedad del transcurso del tiempo, al final el lector no sabe si pasan unos segundos u horas y desde luego no sabe como acaba el cuento.
Qué bueno!
ResponderSuprimir¿Tienes ese libro para prestármelo?